Cuando explota la burbuja: The tipping point

The Tipping point es el ‘punto de rebosamiento’, un libro de hace cuatro años surgido al calor del dospuntocerismo, que trata de explicar cómo explotan modas, productos, tendencias… movimientos sociales una vez se alcanza una masa crítica. Mientras se forma la masa crítica es una dinámica discreta, pero cuando explota lo hace de forma muy… explosiva! Rápidamente, espectacularmente, velozmente… dejándonos a todos sorprendidos, y preguntándonos ¿cómo es posible que vaya tan rápido?.

Pues aprovecho para vincularlo con los movimientos en los países árabes. Y con la dinámica interna de la política en nuestro país.

Las dictaduras no duran doscientos años. Las democracias sí pueden hacerlo. Una generación la ve nacer, una segunda generación vive resignada por miedo a los mecanismos represores. Pero es francamente difícil que los dictadores y sus sistema puedan sobrevivir a una generación tercera, joven, y que coincide con la vejez de los tiranos. Esa mezcla acaba mal, pese a los intentos de los dictadores de perpetuarse mediante hijos herederos o sucesores designados (o una combinación de estos elementos).  Una especie de monarquía absolutista y despótica, basada en el miedo, la represión y la arbitrariedad.

El principal problema de base de las dictaduras es la falta de ligitimidad, no “legal” sino de reconocimiento y aceptación social. Poco a poco van perfeccionando un régimen que apoya y soporta al dictador a cambio de expoliar al país. Los ciudadanos se ven sin libertad de expresión, sin capacidad de tener un margen mínimo de decisión y en cambio se ven rodeados de decenas centenares de casos de reparto injusto de la riqueza del país. Desde un permiso para abrir un comercio, hasta un contrato público de cualquier tipo. El sistema represor asociado a cualquier sistema dictatorial trata de ahogar la crítica a la corrupción.

¿Por qué es negativa la corrupción? Porque es un sistema injusto, ineficiente de asignación de recursos. No se hace de forma inteligente buscando el bien y el progreso del conjunto de la sociedad, sino todo lo contrario. Busca apropiarse de los bienes de la sociedad para disfrute y explotación exclusiva de los líderes del régimen y sus coreligionarios.  La sociedad no progresa, cosa que se ve como positiva por las dictaduras porque una sociedad empobrecida es una sociedad temerosa, aislada, y eso reafirma la bondad del expolio para la élite dictatorial.

Pero la sociedad llega un momento que pierde el miedo. Lo que tiene que perder es ya nada o casi nada, y se rebela. La sensación de ‘no hay futuro’ es el detonante de un comportamiento que si alcanza masa crítica, permite cambiar las cosas. Evidentemente, con apoyo del exterior (las cosas pocas veces funcionan solas, o ‘por que sí’).

Es decir, un desequilibrio nunca es sostenible. Por definición. Es una cuestión de tiempo, y de una u otra manera cierta igualdad de oportunidades, cierta redistribución de la riqueza, libertad de expresión…. vuelven a ser recuperadas por la sociedad. Por enmedio quedan las vidas perdidas, las oportunidades perdidas, el patrimonio perdido, etc.

Quizá un buen día algún alto cargo en EEUU ha entendido que la política de sostener dictaduras afines a EEUU en zonas de conflicto (a veces frenar el avances de regímenes comunistas, a veces frenar el islamismo radical, a veces el antiamericanismo sin más) no es buena idea: acaba de cualquier forma. Así que, ya que va a suceder, están intentando como mínimo influir para evitar que se vuelva precisamente contra sus intereses.

Todo este tochete de post para llegar a otro punto: España. Y la corrupción de su clase política. Podemos compararla con Grecia o con Italia, pero sin el pequeño tamaño de Grecia y sin el sistema industrial y la mafia italiana. Evidentemente otros países también tienen problemas serios de corrupción, por ejemplo el referente de nuestra clase política: Francia. Con la diferencia de que hace 35 años aquí finalizaba la dictadura de 40 años de Franco.

El sistema electoral español se basa en las listas cerradas que los partidos presentan a las elecciones. Estas listas cerradas empujan a los políticos a ser completamente fieles a sus líderes locales, regionales o nacionales, ahogando la discrepancia y la divergencia; y al ser piramidal, el criterio principal para sobrevivir en el partido y ascender es la fidelidad al lider inmediatamente superior. Evidentemente hay diferentes ‘familias’ o grupos de interés agrupados un un ‘punta de lanza’ una cabeza visible, y esas corrientes conviven en cada partido. Es clave pues, apuntarse a la corriente que progresa, pues si cae en desgracia en una de esas múltiples pugnas internas, sobrevivir se vuelve francamente complicado.

Este sistema de partidos conduce a unos políticos mediocres y a una estrategia electoral por parte de los partidos digamos que ‘científica’ o de laboratorio. Realmente las ideas quedan a un margen (ni que decir de los ideales) y los partidos se convierten en máquinas de márketing, buscando mensajes para convencer a diversos colectivos sociales (mujeres, jóvenes de menos de 25, profesionales de la construcción, jubilados…) y aglutinarlos para ganar el peso suficiente que les permita ganar las elecciones. Porque un mensaje es difícil que sea concreto y que gane las simpatías de 10 millones de votantes, cada uno de su padre y de su madre. Tiene que ser genérico, parcial, básico, dirigido a colectivos en otro caso pero igualmente general… para poder convencer a tanta gente tan diversa y que tomen la misma decisión de votar a X partido.

La corrupción creció exponencialmente con la facilidad crediticia, tanto para asuntos inmobiliarios (recalificaciones etc), como para proyectos públicos: contratas, creación de nuevos servicios, instalaciones nuevas, etc.  A nivel local, regional y nacional ha habido dinero para repartir entre correligionarios, afines y en definitivoa: el pseudo régimen de poder que tiene acceso a ese dinero y a esas decisiones. Nunca es una cuestión de idiología ni de poder: es una cuestión de dinero. Y la corrupción se disparó.

Un concejal de un pueblucho ahora era alguien que podía tomar decisiones de millones de euros, de decenas de millones de euros incluso. Y cogía “su parte”. Su mordida.

Ese realmente no es el problema. O no es el problema grave. Lo grave es que la justicia deje de funcionar. El descrédito de una justicia, la percepción en la sociedad de que la justicia no existe para la ‘elite del poder’, el ‘régimen’ conduce a un problema similar al de las dictaduras, coincidiendo en demasiados puntos excepto por la falta de represión y la libertad de expresión ciudadana.

Pero un sistema de partidos, que piensen que están por encima de la justicia es un problema mucho mucho más grave de lo que puede parecer.

Tribunales Supremos regionales abiertamente manipulados a favor del político dirigente de turno y a servicio de sus empresarios y correligionarios afines suponen algo terrible y escalofriante. Una barrera que no se debe tolerar (y se tolera) que se traspase. Y de ahí hacia arriba. Los políticos sólo tienen objetivos egoístas y corto plazo en su inmensa mayoría, precisamente muy condicionados por el sistema de listas cerradas y todo lo que implican. Además de sus perfiles psicológicos (narcisistas, etc).

Un sistema que va progresando en esa dirección va generando la masa crítica que un buen día es rebasada de forma abrupta y explosiva. Tardaría décadas, pero sobre la base de la corrupción van creciendo desmanes que conducen en 20, 40 años quién sabe, a un punto de no-retorno en el que la sociedad se rebela. A veces de la mano de un salvapatrias que se aprovecha del descontento de la población para convertirse en dicatador (no sería la primera vez), a veces de otras formas… pero acaba provocando un vuelco social.

Es decir, una sociedad con una clase política corrupta, incompetente, con libertad para hacer cualquier barbaridad ya que la justicia no actúa, acaba conduciendo a un vuelco social ya que sigue siendo un desequilibrio y por tanto es insostenible en el tiempo.

Lo políticos siempre piensan que eso será problema de otro, ‘el que venga detrás, que arreé’ o como decía Luis XV cuando le reprochaban sus desmanes “Después de mí, el diluvio” lo que le costó la cabeza a su hijo Luis XVIII y a toda su corte/sistema.

Antes de resultar demasiado alarmista: es necesario ser exigente más que con los políticos, con el sistema judicial y policial. La base de la democracia es la justicia. Y no la deben aplicar los partidos, si no quieren ‘salvar la cara’ es su problema. Son los jueces los que tienen la responsabilidad de sostener nuestro sistema social. El único sostenible.

Posted by ferran on 27 Feb 2011 at 06:55 pm | Tagged as: Marcas Estrategias

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