Leo hoy a Elvira Lindo en El País y descubro la palabra “fiestera” en una de sus líneas. Y he pensado que su origen debe venir de “festera” o “festero”, usado a orillas del Mediterráneo para hablar de personas que les gusta irse de fiesta, salir los fines de semana. Si se dice “es un festero” probablemente se quiera expresar que esa persona no sólo le gusta mucho salir, sino que se dopa para aguantar días interminables de juerga. El origen aún mas remoto (antes de la ruta del bakalao o de las drogas de diseño) viene de “fester” que son los que participan en las fiestas tradicionales de Moros y Cristianos, Fallas etc.

Sigo pensando que el origen de las palabras botellón y macrofiesta también son de por aquí. (macrofiesta era como se llamaba hace quince años a la fiesta de las facultades de derecho, económicas sociología y empresa dos veces al año).

Levante es hedonista. Eso es bueno. Creamos y exportamos palabras que reflejan esta forma de vivir tan influida por lo festivo.

Y hoy es domingo. Estoy en Madrid y no pude resistirme ayer sábado a colarme en una boda. (pidiendo permiso, hay que tener formas)

En bolsa existe un tipo de inversor que considera que si las acciones suben de precio desde que las compró, le hace sentir listo. Y si bajan tonto. Pero como sentirse tonto es desagradable, tienen un truco: realmente sólo pierdes dinero si vendes, sino son sólo pérdias potenciales. El resultado de esa estrategia suele ser que el inversor se encuentra atrapado con una acción que ha perdido valor respecto el día que la compró, muchas veces de hecho pierde mucho valor, pero no vende. Tiene la esperanza de que la acción se recupere. Si un día la acción llegó a valer 40€ y el compró a 32€, por más que haya descendido a 17€, estima que la acción va a volver a valer por lo menos 32€, y se arma de paciencia durante años a esperar a que el valor suba. El problema es que la acción “no sabe” cuándo la compraste, hay centenares o miles de inversores atrapados a diferentes precios y cada uno tiene su número mágico, su esperanza en que vuelva determinado precio sin más razonamiento que la superstición. Pero rara vez sucede.

Para evitar estos problemas, los inversores con más cabeza marcan una orden automática con su broker llamada ‘stop loss’. Son del tipo “si la acción baja un 15%” o “si baja de 30€”. En ese caso, sea cual sea, las acciones se venden automáticamente. El objetivo es minimizar las pérdidas o conservar las plusvalías según el caso, pero en definitiva evitar el dejarse llevar por los sentimientos. Especialmente si el argumento tras la compra de una acción fue fruto de un análisis superficial o directamente fruto de ningún análisis. O fruto de un comportamiento especulativo a corto plazo, no de una perspectiva de inversión en valor (como las que realiza Berkshire Hataway o Bestinver).

El caso de los promotores de vivienda es muy parecido. Compraron terrenos y levantaron edificios para vender pisos sencillamente porque su precio subía cada día. Sin más motivo. Pura especulación. Ahora la especulación se ha ido (para decenas de años). Pero los promotores (con buen riñón porque han vivido una década espectacular) quieren aguantar. No quieren bajar precios. Porque bajarlod sería reonocer que han perdido dinero, que han hecho un mal negocio, que no son tan listos. Y para no sentirse así fantasean con que todo volverá a ser como en 2007, no imaginan otra cosa, y se arman de paciencia.

Pero la realidad es tozuda. Perderán dinero. Y si esperan, perderán más (además del coste de oportunidad, que no sabrán ni lo que es). Y no deben sentirse ni mal ni bien por ello.

Recojo este párrafo de su discurso de hoy, vía El Pais (perdonad q no ponga el link, la app de wordpress para el iPhone no deja)

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Eso en cuanto a la salida, pero sobre las causas de las turbulencias financieras que han acabado motivando “lamentablemente, el cierre de algunos mercados”, el gobernador del instituto supervisor ha declarado que no ha “existido la transparencia suficiente” y ha vinculado el origen de la crisis a la codicia de las familias y las empresas”. Por ello, ha añadido, el Estado tiene la obligación de “tener en cuenta las debilidades humanas y ese deseo irrefrenable de ganar más dinero o más poder”. Recordando a Adam Smith ha comentado que “las buenas regulaciones son las que aseguran que la codicia de unos no dañe el bienestar del resto”.
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Bravo, bravo y bravo!

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el Estado tiene la obligación de “tener en cuenta las debilidades humanas y ese deseo irrefrenable de ganar más dinero o más poder
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Exacto!! Me parece un lujo contar con éste hombre en ese puesto. Consigue que duerma bien e incluso, que sueñe.

Ayer vi cerradas una tienda de Adolfo Dominguez y otra de Max Mara.

El ladrillo es lo que tiene. Que no compra estilo. Aunque se lo eche encima

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